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¿Porque hay algo en lugar de nada?

Más de 300 años atrás, el teólogo, filósofo, matemático, jurista, bibliotecario y político alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, hace una pregunta de gran importancia que reinicia la curiosidad de los filósofos griegos y desafía las especulaciones modernas sobre el origen del cosmos.

 

Leibniz no fue un hombre escaso de razonamiento o de sentido común, está muy bien documentado que realizó profundas e importantes contribuciones en las áreas de la metafísica, la epistemología, la lógica, la filosofía de la religión, y también en a la matemática, la jurisprudencia, la historia, la física, y la geología.

 

Este muy conocido erudito y estudioso hace la pregunta que la ciencia nunca ha podido responder. Al preguntar “¿Porque hay algo un lugar de nada?, e induce a la curiosidad la ideología que produce un deseo de saber de dónde salió todo lo que existe.

 

Toda teoría científica mencionada en el “Argumento Metafísico” pre-supone la existencia de “algo”, que supuestamente inicia el comienzo del cosmos, y lo que sea que se pre-suponga, tiene que existir “antes” de producir a nuestro universo. El problema es que no se explica de donde sale lo que se pre-supone, o como fue generado, para entonces producir un cosmos tan complejo.

 

Obviamente, lo que sea que se proponga como una causa responsable por generar a nuestro universo a la existencia, tuvo por obligación que existir “antes” del universo para poderlo hacer. Por lo tanto, la pregunta se extiende hacia este supuesto causante, ya que es de gran importancia saber de dónde se genera el supuesto causante, “antes” de que exista el universo, que luego fue causado por este supuesto causante.

 

No importa que se presuponga una fluctuación en un vacío, una oscilación, otro universo paralelo al de nosotros, hilos o cuerdas cósmicas, una singularidad, una expansión caótica, o una gran explosión (Big Bang), lo importante es estar conscientes de que la explicación por la existencia de todos estos fenómenos es especulativa, y no científica. Estas son insinuaciones hechas por científicos que intentan proponer que todo salió de la nada (vea “La Lógica de Ilógicos”).

 

La falacia sobresaliente de estos científicos que abogan con ferocidad su fantasía que insinúa que la “nada” puede generar “algo” a la existencia, es en sí un acto divertido de entretenimiento, similar a las ilusiones de un mago en una fiesta de niños que hace aparecer burbujas en el aire antes los ojos de sus espectadores. Su significado de “nada” no es el mismo significado común aceptado por el resto del mundo, y este significado exclusivo y personal es el que intentan obligar como un significado científico que intenta forzar una nueva definición de la palabra “nada”.

 

Estos científicos tienen la esperanza de que el resto del mundo quede en acuerdo con ellos, al decir que la palabra “nada” en realidad significa que algún fenómeno existe. Pero si esto fuera verdad, lo que sea que se proponga ser “nada”, tuviera propiedades que se puedan identificar. Para los que no permiten ser chantajeados, el significado de la palabra “nada” sigue siendo la falta o escasez de “algo”. La misma insinuación negativa de la palabra en sí, demuestra que al usarla se está refiriendo a la no existencia de algo, y por lo tanto es imprudente y absurdo insinuar lo opuesto. Un argumento que propone establecer una realidad, no puede a la vez argumentar una entidad virtual no existente.

 

Ninguna teoría científica sobre el origen del cosmos responde de forma directa la pregunta de Leibniz, y solo la teología explica cómo y porque existe todo lo existente. Además, al intentar de responder por medio de hipótesis científicas tendrían que también explicar porque es posible que exista una fluctuación en un vacío, una oscilación, otro universo paralelo al de nosotros, hilos o cuerdas cósmicas, una expansión caótica, o una singularidad que luego causa una explosión, etc., etc., etc.

 

Si fuera posible que igual que sus teorías del origen del cosmos, todos estos fenómenos también salieran de la nada (ex nihilo), perderían el efecto de necesidad, porque todos estos fenómenos también son “algo” y ninguno de ellos responde la pregunta de Leibniz. Todas estas teorías solo son usadas como rellenos de incertitud, y solo intentan obstaculizar lo que dice la Biblia.

 

Todas las teorías generadas para explicar el origen del cosmos cometen un gran error común, ya que cada una insinúa que pre-existe un fenómeno con atributos de una entidad poderosa que se auto produce y se auto sostiene, pero esta entidad poderosa opera sin propósito, sin intención y sin inteligencia. La falta de estas cosas indica que el objetivo de la meta final no sería por medio de una mente, por lo tanto toda fuerza y fenómeno que existe en el cosmos es impersonal, mientras el teísta propone que todo fue causado por un Dios personal.   

 

Desde las más pequeñas sub-partículas atómicas, hasta todas las leyes de física en todo el universo, no existe un mecanismo conocido por la ciencia que no requiera un guía de información que funcione hacia una dirección de mejoramiento.  

 

Finalmente, el causante más logico de todo lo existente, sigue siendo Dios.

 

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