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Argumentos Ofensivos y Defensivos

“Un buen argumento convence a la persona razonable de su posición errónea, pero es la evidencia la que convence hasta la persona más irrazonable a cambiar de opinión o pagar el precio de su irrazonable testadura”.

 

Por razón del mal entendimiento sobre el objetivo de la argumentación en la rama de teología apologética, decidí añadir esta corta explicación de la diferencia entre el motivo y el objetivo de la confrontación argumentista de un cristiano. No es por falta de ejemplos bíblicos que escribo esta introducción adicional, sin duda estamos instruidos a defender la verdad, de manejar la palabra con precisión, de estar siempre preparados y de destruir fortalezas (1Ped 3:15, 2Cor 10:4). Jesús, los profetas y los apóstoles establecen el criterio. Por lo tanto esta clarificación no es para enfatizar que el cristiano tiene la autoridad para presentar argumentos y corregir a los que están en error cuando se trata de temas teológicos, sino que es para clarificar el objetivo que debe tener todo tipo de argumento, aunque sea teológico o científico.

 

La compilación de argumentos usados por muchos apologistas cubre un campo amplio de diferentes temas, el problema no es el mal entendimiento del conjunto de diferentes ciencias utilizadas para formular un argumento, sino que es el propósito y el objetivo final de un argumento. El apologista no puede tener una expectación de convertir a una persona al cristianismo sin primero transferir la necesaria información influyente de manera clara.

 

Al tener experiencia en el campo de evangelismo, le puedo asegurar que el objetivo de cualquier argumento a favor de Dios es solo un precursor, es decir un pre-evangelismo que el apologista cree ser necesario usar con la mayoría de personas in-conversas. La mayoría con quien el cristiano intenta compartir el evangelio se encuentra en una categoría escéptica, agnóstica o ateística.  

 

Si es posible que una persona sea persuadida porque un argumento es convincente, se puede entonces proceder al próximo paso. Mi estilo de compartir información teológica es comenzar con la apología, luego los 10 Mandamientos (Vea “Evangelio Moderno” y “Predicadores de la Ley”), y luego la gracia de salvación que contiene el evangelio. Estos son los pasos que encuentro que mejor funcionan para mí y los temas ya mencionados que tienen que ver con evangelismo explican el por qué.

 

La persona que ha sido convencida por un argumento, quien piensa que ha examinado toda otra opción y llega a su conclusión por medio de la racionalidad, solo ha llegado al primer paso, y aún le falta saber que tiene una naturaleza pecaminosa, para que entonces pueda oír bien el mensaje del gran sacrificio de Cristo en la cruz. Sería entonces, primero exponer el error de pensamiento por medio de un buen argumento, luego las malas noticias de naturaleza pecaminosa y finalmente, las buenas noticias de salvación gratuita.

 

Esta clarificación es importante para evitar un mal entendimiento, ya que muchos han sido instruidos indirectamente que “Dios los ama” y que solo creer es suficiente para asegurar su salvación por el resto de su vida sin importar como la viven. Y ya que esto debe estar claro podemos comenzar con el tema.

 

La mayoría de ateos acusan a los cristianos de argumentar la existencia de cosas invisibles y abstractas, y la acusación es cierta, ya que lo que proponemos que en el más allá existe un mundo dirigido por Dios fuera de la percepción de nuestros cinco sentidos y no es detectado por medios normales. Pero el campo de batalla en el arte de la argumentación ha considerado por muchos años que lo que argumenta esta mayoría de no-creyentes se encuentra en el mismo nivel de invisibilidad que sus acusaciones. Esto es porque ellos hacen lo mismo y esta mayoría depende de alguna teoría de origen para sustituir a Dios y contra argumentar la fe del cristiano.

 

El problema, ya debe haber sido notado por los que visitan frecuentemente a este ministerio, ya que la ciencia no puede identificar la chispa que prende el fuego que produce todo el humo generado por esta mayoría de incrédulos. Después de más de 150 años desde que la teoría de la evolución fue introducida por Charles Darwin, si no se ha producido una chispa, entonces su fuego es artificial, y sin fuego real el humo que emiten es solo para distraer al público con sus actos de magia.

 

Cuando el apologista cristiano dice que un argumento es ofensivo, no significa que el argumento en sí, es el medio por cual la persona es ofendida. Si una persona se ofende cuando el cristiano presenta un argumento que se opone a lo que cree la persona, es porque la persona está atada emocionalmente o intelectualmente a lo que cree y esta atadura es la causa, porque estas personas han invertido demasiado tiempo y esfuerzo en lo que creen para aceptar la posibilidad de estar equivocadas.

 

Esta inversión emocional e intelectual se convierte personal, y causa una falta de interés en otros puntos de vista que los contradice, pero contienen la verdad. La persona concentra su esfuerzo en estar más correcto que todo punto de vista en disensión, aunque su argumento defienda una posición débil e incorrecta. Simplemente, la persona intenta proponer que lo erróneo es correcto. Esto es notable en muchos miembros de las religiones que se oponen a la cristianidad con quien yo he argumentado.

 

Otros se ofenden cuando un argumento demuestra que un evento necesita un acto sobrenatural o milagroso para que su argumento sea posible, mientras otros se ofenden cuando un argumento apunta hacia la necesidad de Dios. Esto es notable en argumentos con ateos, evolucionistas, relativistas, naturalistas, etc.

 

La apología es una rama de la teología que intenta proveer una justificación racional o lógica de las afirmaciones cristianas y es importante conocer los significados y la diferencia entre un argumento ofensivo y un argumento defensivo para que no haya confusión. Supongamos que es una manera de distinguir las fases de un deporte o tal vez un juego de mesa, donde existen movidas, tácticas y técnicas ofensivas y defensivas.

 

Un argumento ofensivo, en el campo de la apologética cristiana es conocido como positivo, desde la posición del cristiano, ya que intenta presentar un caso positivo de las afirmaciones de la fe cristiana. El argumento ofensivo, no necesita ser una repuesta a los que se oponen a los conceptos teísticos. El apologista no necesita esperar un ataque para asumir la iniciativa de explicar porque la fe cristiana es razonable. El argumento ofensivo es usado por todo cristiano que anuncia que la revelación de Dios en la biblia es verdad. Todo aquel que evangeliza asume la ofensiva aunque no lo sepa, y su iniciativa se considera ofensiva por su acción positiva de llevar y defender la verdad del mensaje de la Biblia.

 

La Biblia dice que no hay otra manera de salvación y Jesús dice que nadie puede llegar al Padre sino por Él (Juan 14:6). El mensaje se lleva aunque no haya una oposición, o no sea una repuesta a una crítica. Esto es un buen ejemplo de llevar un mensaje exclusivo, y ser ofensivo y positivo aunque el cristiano no sepa que lo sea. Los que se oponen a estas afirmaciones son los que creen que la postulación es ofensiva, por lo tanto es una movida ofensiva iniciada por el creyente sin necesidad de responderles a los que se oponen. Simplemente, también lo es todo mensaje que se prédica de las escrituras o argumento a favor a Dios.

 

Un argumento defensivo es conocido como negativo, porque este tipo de argumento es usado para presentar una defensa a las críticas y alegatos negativos hechos por personas que presentan objeciones en contra de la fe cristiana. En esta categoría negativa se encuentra todo tipo de repuesta a los ataques y críticas. Aquí es donde el cristiano responde de manera razonable a toda clase de crítica. El argumento defensivo no solo presenta defensa ante todo el que demande razón de nuestra fe (1Ped 3:15), pero también es usado cuando se insinúa la no existencia de Dios o la creación de todo lo que existe por otros medios, agentes o mecanismos que no necesiten o excluyen a Dios.

     

Estos dos tipos de argumentos no tienen nada que ver con el estilo personal de la clase de argumentación que el apologista decida usar en el momento, el apologista puede cambiar de tácticas según progresa el argumento o en diferentes partes del argumento por varias razones. Un buen argumento se considera como una conclusión final que es más cierta que la que se opone, y no es necesario que sea 100% a prueba de balas cuando el argumento que se opone tiene solo 50% de validez. Acuerde que el objetivo en muchas situaciones cuando se argumenta sobre lo abstracto, trascendente e invisible, es poner sobre la mesa de análisis la mejor explicación del fenómeno en discusión y la ciencia no tiene nada que ver en un ambiente que no sea tangible, físico y natural.

 

Personalmente, recomiendo que todo argumento navegue hacia ese ambiente, ya que obliga a la persona que se opone a fingir un conocimiento seguro de lo sobrenatural. La importancia de un buen argumento está en los elementos que lo apoyan, las premisas de un argumento deben ser ciertas, estas deben fluir hacia la conclusión sin dificultad, y se deben seguir las reglas de lógica.

 

Un argumento puede comenzar con un estilo de curiosidad inquisitiva, haciendo preguntas inocentes, para primero acumular las declaraciones erróneas necesarias para establecer la fundación del tema que se argumenta. Las preguntas deben ser válidas, para verificar lo que cree la persona que se opone , y luego desarrollar el argumento hasta un punto de un desafío inevitable, ya que este es el punto donde la persona tiene que confrontar la diferencia entre lo que cree y la verdad que se opone. Simplemente, los errores que se descubren en sus creencias son comparados con una verdad que contradice lo que cree.

 

Un argumento con este tipo de combinación comenzaría con la táctica conocida como “El Detective Colombo”, usado exitosamente por el apologista Greg Koukle por muchos años. Este estilo se basa en un detective de una serie de televisión, a quien los malhechores y criminales sub-estiman por su apariencia. Siempre despeinado, desorganizado, y estrujado, quien le pide prestado un lápiz a los sospechosos para escribir las notas que los incriminarían en el caso, y ellos le tienen que decir que ya tiene un lápiz detrás de su oreja.

 

Aparenta que el Detective Colombo no tiene mucho interés en su trabajo y su estilo lo hace ver incompetente, pero la serie de preguntas formuladas por el detective genera una acumulación de inconsistencias y contradicciones es las repuestas, y están son las balas usadas en las armas del apologista, estas lo dirigen hacia la evidencia que necesita. El detective siempre termina atrapando a los criminales cuando bajan la guardia por la sobre confianza de nunca ser atrapados por una persona tan incompetente. Este es un estilo pasivo, pero aun así, muchos tratan de evitar las preguntas porque reconocen las consecuencias de la repuesta.

 

Es muy posible que un argumento que comienza con una curiosidad inquisitiva termine con un estilo de “Reductio Ad Absurdum”, un estilo usado por mí a menudo en este ministerio y lo adopte del difunto apologista cristiano “Francis Shaeffer”. Este estilo significa “Reducir a lo Absurdo”, y una absurdidad no es una mala palabra como muchos creen, sino es un pensamiento o declaración incorrecta, ilógica, sin sentido y falsa. Un argumento siempre es en contra del concepto erróneo, nunca se dirige a la persona con quien se argumenta. La persona solo sería absurda si ya sabe que sus ideas lo son, y las continúa defendiendo.  

 

Es posible que cuando sea necesario, un apologista como yo use la táctica de Elías, este estilo se encuentra en la Biblia, y apela hacia la urgencia de una necesaria confrontación para determinar de una vez en cuál de las dos opiniones opuestas se encuentra la verdad. Este estilo requiere poner la verdad a prueba por medio de una demostración pública. Esto es muy usual en todo tipo de debate, pero hay que tener precaución, ya que muchos no-creyentes usan tácticas mundanas y tratan de persuadir al público a creer que para ganar un argumento hay que ridiculizar al oponente. En el caso de Elías, las vidas de los sacerdotes de Baal estaban en peligro, pero ellos no lo sabían, igual como no lo saben los que proponen que Dios no existe. Vamos un momento al primer libro de Reyes:

 

1 Reyes 18:21-24 SSE  Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuando cojeareis vosotros entre dos pensamientos? Si el SENOR es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de el. Y el pueblo no respondió palabra.  (22)  Y Elías torno a decir al pueblo: Solo yo he quedado profeta del SENOR; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta varones.  (23)  Dénsenos, pues, dos bueyes, y escójanse ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aparejare el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.  (24)  Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocare en el nombre del SEÑOR; y será que el Dios que respondiere por fuego, sea el Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

 

Primero el pueblo no respondió, pero luego de notar el sentido común del uso legítimo de una valida comparación para descubrir la verdad, el pueblo respondió a favor de la confrontación de manera unánime y el desafío comienzo.

 

En ocasiones el apologista tiene hacer como Elías y poner el buey sobre la leña para distinguir entre dos pensamientos, y es necesario demostrar cuál de los dos provee la evidencia para llegar a la explicación más razonable. Este estilo requiere práctica y experiencia, ya que somos “Embajadores de Cristo” y no podemos violar las reglas básicas de ética. Pero acuerde que lo ridículo es la idea y el concepto erróneo, no la persona. No tiene sentido en convertirnos en personas que andan por el mundo ofendiendo a todo el que no concuerde con la fe cristiana.

 

Igual que un evangelista, cuando se tiene que confrontar con los pensamientos del no-creyente, el apologista tiene que practicar bastante y conocer la palabra de Dios que corresponde con el trabajo que tiene que hacer para el Señor.

 

Es importante leer su Biblia, pero es más importante estudiarla”.

 

 

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