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La Injusticia de la Discapacidad Mental

Uno de los grandes males de nuestro tiempo moderno es que los violadores de las leyes de muchos países están escapando el castigo de sus crímenes por haber sido declarados “no culpable por razones de demencia”.

 

Este es el resultado de la creciente influencia de la industria de la psiquiatría. Los psiquiatras han encontrado una nueva plataforma desde donde pueden ser notados en público, y este nuevo escenario les provee la oportunidad para obtener el prestigio que ellos desean, al servir como expertos de la mente, en casos controversiales alrededor del mundo.

 

50 años atrás no era así, por lo  tanto, algo ha cambiado en la sociedad humana. La razón es simple, cuando los abogados saben que no hay una defensa justa por un crimen cometido, buscan defender a sus clientes por medio de escusas de causas mentales, aunque sepan que su cliente es culpable.

 

Estos abogados saben que los psicólogos y psiquiatras de hoy consideran que los pacientes mentales son víctimas, sin responsabilidad personal y por lo tanto tienen que inventar un agresor externo, totalmente divorciado físicamente del criminal. Por lo tanto, al separar la acción física de la mental, las probabilidades de ser absuelto incrementan.

 

Cuando un acusado se declara demente de un cargo de asesinato y cuando el hecho de que él haya cometido el crimen no es impugnado, se espera que el experto en psiquiatría declare sobre el estado mental del acusado. Pero, no en el momento de su examen del “paciente”, sino en el momento en que el acusado cometió el crimen, aunque la evaluación sea meses o años después del crimen cometido.

 

Existen casos de personas que han admitido asesinar a sangre fría y sin una razón justificable a su mama, papa, esposa, hijos, vecinos, amigos, maestros y alumnos. Y para rematar, también a sus psiquiatras, abogados, médicos etc. Pero con la evidencia contradictoria presentada por los psicólogos y psiquiatras que están en la corte solo para solicitar y obtener una exención o liberación del perpetrador, el criminal es sentenciado a un hospital mental y tratado como un paciente, en lugar de ser encarcelado con otros prisioneros.

 

Los psicólogos y psiquiatras consideran esta práctica como un punto de vista médico y científico, y los tribunales y la sociedad lo ven similar al testimonio rendido por otros especialistas médicos, por ejemplo, los patólogos forenses. Para otros, esta práctica  es el epítome de la ciencia basura y se niegan a participar en ella. En primer lugar, no existe una prueba objetiva de la enfermedad mental, como lo hay para otras enfermedades como la melanoma o la neumonía, etc. Lo que los psiquiatras llaman pomposamente un “examen” es simplemente una conversación con el sujeto y la observación de su comportamiento. "(La medicalización de la vida cotidiana, Thomas Szasz, 2007 AD, p 106).

https://fee.org/media/5232/0712szasz.pdf

 

La “defensa de la locura” fue utilizada por primera vez en 1843, cuando Daniel McNaughtan intentó asesinar al primer ministro británico Robert Peel. El sistema de corte de los Estados Unidos comenzó a usar este caso británico como un precedente legal. Por supuesto, esto fue impulsado por los padres de la psiquiatría en Gran Bretaña.

 

Un buen  ejemplo, para explicar porque el método usado para determinar el nivel de locura de un criminal es inconsistente e incomprensible, es la comparación entre los casos en los Estado Unidos de John Hinckley Jr. y el de Jeffrey Dahmer. John Hinckley Jr. se escapó por demencia de un intento de asesinato en 1981, cuando intentó asesinar al presidente Ronald Reagan y ya cumplió su sentencia, mientras Jeffrey Dahmer fue encontrado totalmente sano de mente y encarcelado donde fue asesinado por otro prisionero.

 

http://www.usatoday.com/story/news/2016/09/10/would--reagan-assassin-john-hinckley-jr-released-mental-hospital/90191312/

 

http://nypost.com/2015/04/28/meet-the-prisoner-who-murdered-killer-cannibal-jeffrey-dahmer/

 

Es difícil entender cómo se categorizan estos casos, ya que John Hinckley Jr. no hubiera sido categorizado como un demente si no intenta matar al presidente. Mientras que un homosexual, pedófilo, asesino y caníbal como Jeffrey Dahmer, de quien todos pensaban ser muy extraño y quien vivía en otra dimensión mental, totalmente aislado de la sociedad, fue encontrado lo suficiente sano de mente para ser sentenciado en una corte.

 

Tampoco entiendo la distinción judicial de cómo funciona esta supuesta mentalidad evolutiva reptil, ya que Hinkley cometió un solo acto de locura y fracaso, mientras Dahmer fue un asesino en serie que cocinaba partes de los cuerpos de sus víctimas para luego comerlas. ¿Cuál de los dos estaría más loco? ¿Por qué deciden que el que tenía más tendencias de animal reptil estaba más sano de mente?

 

Nos encontramos con un problema teológico cuando intentamos basar excusas por los pecados, sobre la base de las enfermedades mentales, principalmente la dificultad es debido a que no podemos encontrar leyes o mandatos en la biblia por acciones psicóticas, enfermedades mentales, esquizofrénicas o delirantes, como las leyes que existen en un sistema judicial.

 

Este problema se extiende al hecho de que los delincuentes saben que pueden “jugar el jueguito de la enfermedad mental”, y alimentan a su psiquiatra quienes están encantados con su nueva “legitimidad y el respeto” que encuentran en la luz de los tribunales, que los hace “prominentes, distinguidos y famosos”. Y se ponen de pie ante el mundo como expertos, para revelar los detalles de lo que el criminal les dijo, después de muchas horas de alimentación falsa.

 

Todo crimen es visto por algunos psiquiatras como excusables para una amplia gama de razones que son relacionadas con la química y la biología. Los humanistas y los evolucionistas sostienen que somos meros sacos de huesos impregnados con productos químicos, sin espíritu o libre albedrío. Por lo tanto no somos responsables de lo que hacemos porque todos somos víctimas del animalismo y la bestialidad que reside dentro de nosotros. Simplemente somos descendientes de monos con reglas para tratar de portarnos bien, con rastros de un cerebro reptil, y aun con estas reglas para el buen comportamiento, sólo podemos actuar por medio de nuestros instintos evolutivos.

 

Los trastornos listados en el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales se consideran oficiales. A pesar de que asesinos y violadores pueden parecer de una locura en términos coloquiales, es la exclusión de aquellos comportamientos en este manual que los convierte en delitos simples, mientras que las conductas incluidas de la pedofilia y la cleptomanía son trastornos mentales.

 

La colocación de un trastorno en este manual da carácter oficial a un trastorno mental, pero algunos en el campo psiquiátrico, como el Dr. Guy A. Boysen, propone que algunos de estos trastornos oficiales no son válidos como casos de enfermedad mental. (El Diario de la mente y el comportamiento, Guy A. Boysen, V28, p 157-173). http://philpapers.org/rec/BOYAEO-2

 

Satisfechos de verse a sí mismos en la nueva posición de médicos de buena fe y de salva vidas, los psiquiatras con entusiasmo aceptaron la invitación de los juristas para reducir la frecuencia de las ejecuciones declarando algunos criminales condenados a muerte de estar locos y por lo tanto no aptos para ser castigados. La práctica, llamada “defensa de la demencia”,  resulta en el encarcelamiento del delincuente en un hospital mental, muy diferente a una prisión de alta seguridad donde se encuentran otros criminales igual de violentos.

 

La defensa de la demencia y el compromiso civil, son dos prácticas paradigmáticas de la psiquiatría. Sin estas dos, la psiquiatría perdería su función social y desaparecería. (Psiquiatría: La Ciencia de las Mentiras, Thomas Szasz, 2008 AD, pág 65). http://www.goodreads.com/book/show/4955102-psychiatry

 

La psiquiatría biológica tiende a “culpar al cuerpo de la conducta mental alterada”. Esta perspectiva permite que el ambiente social escape ileso de cualquier culpa o responsabilidad, no importa cuánto trastorno  y desorden psicológico sea obvio y provocado por las experiencias del supuesto paciente/criminal de una familia o sociedad. (Pseudociencia in Biological Psychiatry, Colin A. Ross, M. D., y Alvin Pam, Ph.D., 1995, p. 3). https://www.amazon.com/Pseudoscience-Biological-Psychiatry-Blaming-Body/dp/0471007765

 

Los psiquiatras químicos/biológicos creen en un neo-frenología, y consideran que las diferentes partes del cerebro controlan diferentes sentimientos, decisiones y pensamientos. A medida que los científicos siguen desenvolviendo y descifrando el contenido del genoma humano, tal vez llegará un momento en que vamos a tener conocimiento de cuales genes son responsables o de las partes del cerebro que dan lugar a la religiosidad y la conciencia espiritual.

 

Con el fin de adaptarse a este nuevo campo, las ciencias pueden tener que mirar hacia una disciplina totalmente nueva, una nueva geno-teología para encontrar respuestas. Creo que Matthew Alper ha tocado un punto importante en la “Neuro- teología” que coincide con la función cognitiva del ser humano, vea “Explosión Cognitiva en Revisión”. (Alper, “Dios” parte del cerebro, p 134, nota posterior). https://www.amazon.com/God-Part-Brain-Interpretation-Spirituality/dp/1402214529

 

El difunto ateo Carl Sagan comento sobre las consecuencias sociales de un cerebro producido por la evolución y que trasciende al humanismo, y dijo que existen implicaciones sociales que el cerebro de reptil influye en las acciones humanas. Los evolucionistas aplauden estos tipos de comentarios, ya que sugieren que el cerebro humano es controlado por impulsos reptiles que evolucionaron desde el tiempo de los dinosaurios. Esta sección del cerebro la han clasificado como el “Complejo-R”.

 

Pero si el comportamiento arbitrario, habitual y rutinario es controlado en su núcleo por el complejo R, entonces significa que no hay esperanza para el futuro de la humanidad. Pasando por alto que en los seres humanos, el neo córtex representa alrededor de un 85% del cerebro, que es sin duda un índice de su importancia en comparación con el tronco cerebral complejo R y el sistema límbico que tanto enfatizan los evolucionistas.

 

La neuroanatomía, la historia política, y la introspección ofrecen evidencia de que los seres humanos son muy capaces de resistir las ganas de entregarse a todos los impulsos del cerebro evolutivo reptil. Pero si no te gusta la teoría, igual como sucede con todo otro concepto  relacionado con la evolución, te dicen que confíe en los “expertos”.  Esta es una de las formas en que los nuevos psicólogos evolutivos se asemejan a los viejos marxistas, no hay un punto de apoyo fuera de su sistema de significado, excepto por el lugar privilegiado donde ellos mismos se destacan.

 

Esta manipulación de la justicia tiene su origen en la teoría de la evolución, y está siendo perpetrado por los psicólogos evolutivos. Ellos se ocupan de sus propios dogmas, y no en proposiciones de otras ciencias. La psicología evolutiva tendrá su día en el sol, pero solo hasta que las personas se den cuenta de que sus conceptos evolutivos son inútiles y no científicos.

 

Desde hace tiempo se ha reconocido que una persona no debe ser considerada penalmente responsable si en el momento de cometer un delito, la persona carecía de la intención necesaria para cometer el delito debido a una verdadera “deficiencia mental”. Pero hoy, cuando un caso está perdido por causa de la culpabilidad criminal, buscan con intención toda posible excusa para declarar al criminal no culpable por causa de demencia.

 

Muchos países tienen leyes que establecen la defensa si en el momento de participar en una conducta que constituye un delito, la persona que sufría de un trastorno mental que tuvo el efecto que indique que la persona no conocía la naturaleza y la calidad de la conducta, o que a persona no sabía que la conducta era errónea. En muchas cortes Supremas y cortes de Estado o de Condado, una persona declarada no culpable por razón de la discapacidad mental puede ser puesta bajo una orden de supervisión, o puede ser puesta en libertad sin condiciones. Muchos estatutos especifican que una persona que comete un acto criminal, no es responsable según el siguiente criterio:

 

“en el momento de cometer el acto, la persona acusada estaba luchando bajo un defecto de la razón, o de una enfermedad de la mente, de no conocer la naturaleza y la calidad del acto que él [o ella] estaba haciendo; pero, si él [o ella] lo sabía, que no sabía que lo que él [o ella] estaba haciendo estaba mal.”

 

No es necesario ser psiquiatra o psicólogo para detectar un fraude intencional que utiliza las regulaciones establecidas que protegen a los verdaderos enfermos mentales, para evadir o reducir la penitencia, sentencia y condena que se merece.

Estás personas son transferidas a hospitales donde son atendidos como pacientes,  en lugar de ser tratado como criminales en un pabellón de una prisión.

 

Esto es lo que consideran ser justo para una persona que después de varios años es declarado sano y camina por la calles por haber pagado su deuda a la sociedad. Pero para un criminal, un hospital es un hotel de cinco estrellas, comparado a las condiciones y peligros que existen dentro de una prisión.

 

Personalmente, creo que debemos tomar un paso atrás hacia el pasado en estos casos, y determinar si una persona tiene un historial verificable de problemas mentales que previenen, obstruyen o limitan que este consiente de la realidad durante un acto criminal y que se pueda comprobar para no condenar a alguien que verdaderamente sufre mentalmente.

 

Y luego cerrar la puerta a los que utilizan la locura como un método de manipulación solo para evitar la responsabilidad y no pagar por el crimen que han cometido. Ningún impedimento cognitivo o locura temporal que solo aplica en el momento que se comete el crimen, o espontaneo que solo afecta al criminal cuando más le conviene, debe ser aceptado por las cortes judiciales como locura verídica.

 

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