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Explicación “a fortiori”

Una explicación “a fortiori”, siempre es la más fuerte en razonamiento, la más cierta, la más lógica y tiende a inclinarse hacia la explicación que explique aún más, cuanto más, en mayor grado, en mayor medida y con más razón aun, que las otras explicaciones disponibles.

Con esto en mente, comenzare con los puntos importantes de este artículo.

 

Ninguna rama de ciencia natural puede exigir la tarea de hacer coherentes entre lo que es físico y lo que es abstracto. La gran diferencia en la clasificación de estas dos cosas es autoevidente. Esta tarea solo puede pertenecer a una ciencia general de “existencia”, por lo tanto, solo le puede pertenecer a la ontología.

 

El objetivo propio de la ontología trata con la realidad misma y no con modelos, semblanzas, o impresiones y cuadros metafóricos pintados por algunos con brochas especulativas, que solo sirven como representaciones y analogías construidas de la propia realidad. Atrevidamente, muchos científicos y físicos de hoy entran a este campo filosófico con sus teorías modernas, sin el adecuado conocimiento y entendimiento, y es la razón por cometer tantas falacias inaceptables.

 

Cuando argumentamos sobre las posibles causas responsables por la existencia del universo en que vivimos, siempre es prudente favorecer la explicación que tenga la fuerza más convincente. Por lo tanto, la ontología es la ciencia ideal para la distinción de objetos que existen, sean físicos o abstractos.

 

Este tipo de favoritismo hacia la ontología  no es discriminante, sino intelectual, ya que este método de confrontar el concepto de origen es cuestión de conocimiento, práctica y costumbre. Además, la mayoría de científicos que formulan y defienden algunas de estas teorías de origen, no tienen el entrenamiento, el adiestramiento, o el conocimiento 

ontológico para discernir la diferencia.

 

Muchas teorías científicas modernas tratan de explicar cosas abstractas desde una plataforma física y natural, esto es un error que ellos mismos no notan. Ellos tratan de extrapolar lo conocido por la ciencia moderna, con lo desconocido y trascendente. Su método requiere usar un trampolín especial y esotérico para poder saltar de lo materialfísicoempírico tangible, hacia lo que obviamente es

inmaterialinvisibleespiritual e intangible.

 

Por muchos años, he argumentado que las famosas teorías de hoy que pretenden explicar el origen del universo saltan de la física a la metafísica sin conocimiento de los conceptos ontológicos básicos y por lo tanto sin autoridad para establecer los detalles específicos de la categoría en cual se encuentran las entidades que presuponen en sus teorías.

 

Las categorías ontológicas deben ser jerárquicamente organizadas, y estas categorías ontológicas se individualizan por la existencia distintiva y las condiciones de identidad de sus miembros. Todo lo que existe tiene propiedades, una relación con otras cosas que existen y su propia manera de ser. (Vea “Ontología-La Teoría de Existencia”).

 

Estas afirmaciones ontológicas, ignoradas por lo teoristas de hoy, son de gran importancia, ya que son mutuamente dependientes una con la otra. El conocimiento ontológico exige que aunque nos guste o no, aceptemos que nuestro conocimiento es en sí falible, especialmente cuando la descripción de fenómenos es guiada por la ignorancia.

 

Sin la ciencia de la ontología, no es sólo nuestro conocimiento de lo que en realidad existe lo que debe ser cuidadosamente analizado, sino también el conocimiento de lo que podría o no existir más allá de nuestra percepción. Esta es la manera de identificar, categorizar y clasificar.

 

El intento de solo hablar de cosas abstractas sin poder describir las características que las distingue, es un intento ignorante. No debemos confundir un modelo científico con lo que es que modela, ni aceptar cualquier teoría científica que contiene porciones filosóficas, supuestamente en el nombre de la ciencia. Nadie se escapa de este tipo de ridiculez, ni los mejores científicos del mundo que lo han intentado han sido exitosos.

 

Se deben exponer a la luz las malas mañas de tratar de crear una ontología de reemplazo o de sustitución vía la construcción y configuración teórica de una concepción ontológica anti realista, como si fuera una ciencia validad de nuestros pensamientos sobre la realidad o de representaciones de la realidad. Esto ya no es hablar de ciencia, sino de fantasía. Algunos teoristas suponen que están autorizados a sustituir las cosas mismas, con representaciones o modelos ambiguos sin pérdida significativa.

 

La ontología de ningún modo es diferente de cualquier otra disciplina intelectual, incluyendo la de matemática y la lógica. La ilusión del teorista es que podemos alcanzar un grado de certeza sobre el contenido de nuestros pensamientos que nos elude por completo acerca de la verdadera naturaleza de la realidad, como la realidad es en sí mismo.

 

Cada rama de ciencia tiene la “verdad” como objetivo, tratando de pintar un retrato con precisión de una parte de la realidad. Pero las diversas representaciones de diferentes partes de la realidad deben calzar una con la otra en armonía para pintar un retrato que pueda ser verdad de la realidad en su conjunto.

 

Cuando se discute el concepto de origen, solo existen dos opciones. Aunque haiga una variedad de teorías, es notable que todas son diversas en algún tangente. Si esto no fuera cierto, toda teoría de origen estaría en armonía y en acuerdo sobre la fuerza causante que inicio el Big Bang, una Oscilación, una Fluctuación en Vacío, una Expansión Caótica, o los Múltiples MundosUniversos o Dimensiones de la física cuántica, etc., que tratan con entidades que nadie puede percibir.

 

El modelo básico y común de ambos lados del argumento de origen es el siguiente:

 

El Universo

 

Principio Intencional / Auto Generación

 

Causado por una Entidad / Auto Causado

 

Entidad Personal / Entidad Impersonal

 

Dios (Ser Sobrenatural) / Fenómeno Desconocido            

 

La teoría de un universo eterno que siempre ha existido, ya ha sido refutada y es obsoleta, por lo tanto no hay un argumento que niegue que el universo tuvo un principio, el argumento se concentra en ¿cómo? y ¿qué? causo su inicio. Al no poder probar que el universo no necesita una causa, lo única noción de incertidumbre a cual la ciencia natural se puede sujetar, y diría que desesperadamente, es establecer si la fuerza causante es, o no es, personal, y pueda o no ser conocida. Además, las propiedades (ontológicas) de la causa en sí, responsable por la generación de todo lo que “es”, y todo lo que “existe”, exigen que sea ilimitada de lo que causó a la existencia, por razones obvias.

 

Esto significa que la causa tiene que ser independiente de lo causó a la existencia y toda teoría de origen debe describir una causa que exista “antes de todo lo que luego causo a la existencia”, y en si ser libre de las características necesarias por toda otra entidad en el dominio natural, y por lo tanto debe existir sin principio, independiente del tiempo, y ser inespacial e inmaterial.

 

Solamente los siguientes dos tipos de entidades tienen la posibilidad de ser candidatos:

 

1.  Un objeto abstracto.

2.  Una mente sin cuerpo (incorpóreo).

 

Las propiedades de estas dos entidades son típicamente descritas

ontológicamente con estos mismos términos, de ser inmaterial y

espacialmente no extendidas y si estas no cambian, podrían existir

eternamente y sin principio. Toda otra entidadobjeto o sustancia, como las

sugeridas en las teorías modernas de hoy, serian metafísicamente imposibles,

pero aún hay que reducir más entre estos únicos dos candidatos.

 

El hecho de que los objetos abstractos no se sostienen en relaciones causales de los efectos, automáticamente obliga su descalificación, ya que la impotencia causal de objetos abstractos es definitoria por ser abstracto. Esto significa que el mismo significado que clasifica algo como “abstracto”, elimina el potencial de poder causar algo, simplemente porque los abstractos no pueden causar nada.

 

No hay duda en el campo científico que el universo tuvo un comienzo, una creación, un génesis. Incluso los pensadores naturalistas y ateos, sin importar lo mucho que les gustaría pensar que el universo es en sí eterno, inevitablemente llegan a esta conclusión, cada uno por su propia cuenta, con el hecho de que las mismas leyes del universo apuntan directamente hacia un inicio.

 

Para entender este universo, necesitamos enfocar en “que” es lo que inicia las leyes de la fisica, y se encontraran con Dios (Vea El Catalizador de la Causa Inicial). Es lógico que el autor de todo lo que existe, aunque capaz de operar dentro del universo, resida fuera de lo que creo, de la misma manera en que residía antes del inicio de la creación.

 

Algunos recurren a la física cuántica para que el mundo surreal de las partículas minúsculas del mundo subatómico los auxilie, pero solo penetran más profundo hacia lo sobrenatural. La misma teoría de incertidumbre de la mecánica cuántica, explica que las partículas evitan su propia identificación de ser materia o ser onda, hasta que no sean percibidas por el ser humano. Solo entonces se manifiestan sus características ontológicas.

 

La intuición del ser humano lo empuja hacia la dimensión del más allá, y no se puede culpar a Dios por no creer lo que Él nos revela en las escrituras de la Biblia. Dios nos indica que existe una dimensión desconocida por medios naturales, más allá de esta actualidad, más allá de esta realidad y más allá de lo que llamamos vida.

 

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