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La Fe del Ateo

El ateo es rápido en acusar al cristiano de depender de su fe para defender sus creencias y no pierde tiempo en alegar que sus argumentos están basados en datos científicos y que los del cristiano en cosas invisibles.

 

La conclusión errónea del ateo culmina en creer que la fe es un obstáculo innecesario para el ser humano, ya que cree de forma equivocada que la ciencia es el único medio que ofrece evidencia concreta y crédula de los fenómenos naturales, y la fe solo puede ofrecer una esperanza de que el mundo sobrenatural y espiritual exista.

 

Pero hay una discrepancia en esta manera de pensar, y demostrare que el problema del ateo es su adoctrinamiento erróneo, que lo obliga a negar a cualquier costo que el mismo también tiene fe en lo que cree y en lugar de llegar a una conclusión razonable de los mismos datos científicos que usa como evidencia, queda sin opción al generar una contradicción demasiado obvia en sus argumentos. Explicare esta observación.

 

El significado bíblico de la fe cristiana se encuentra en el libro de Hebreos, capítulo 11, versículo 1. Vamos un momento a ese pasaje en la Biblia:

 

Hebreos 11:1 RV95  Es,  pues,  la fe es la certeza de lo que se espera,  

la convicción de lo que no se ve.

 

La certeza requiere cierta seguridad de lo que se espera, así que debe haber certitud de alguna esperanza. La convicción requiere confianza, y esa confianza es dirigida a lo que no se ve, es decir a lo invisible.

 

La versión de las Sagradas Escrituras lo explica así:

Heb 11:1 SSE  Es pues la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.

 

Igualmente, se requiere tener sustancia, y la palabra original en griego es “hupostasis”, significa apoyar en confianza. También se necesita demostrar, y la palabra original es “elegchos” que igualmente significa evidencia, prueba y convicción.

 

Para la mayoría de ateos, hay una diferencia en el significado de la palabra “fe”, para ellos es una inevitable contradicción decir que no es necesario ejercer fe para apoyar la teoría de la evolución como única opción viable que puede explicar la existencia de toda la naturaleza. El ateo tiene que por obligación ser “naturalista”, ya que la única experiencia obtenida durante su vida, convence y manipula su mente a creer que vivimos en un mundo totalmente hermético y sellado, donde es imposible que penetre lo sobrenatural o milagroso.

 

Para el ateo todo es explicado por la ciencia, y en cierta manera la ciencia se convierte en su dios, y lo que no pueda ser explicado por la ciencia es automáticamente descartado inmediatamente como mera tontería sin una mínima evaluación. Por lo menos muchas personas examinan y evalúan todas las teorías de origen y todas las creencias de otras religiones para tratar de entender el nivel de razonamiento requerido para creer lo que creen. Pero el ateo asume una posición de exclusividad sin visión periférica, sin ver los argumentos que atacan sus flancos. Este es uno de los puntos débiles del ateo, ya que dentro de un túnel oscuro y montado sobre un caballo descontrolado, por varias razones solo se puede ir hacia delante desenfrenadamente sin ver lo que se encuentra a los lados.

 

La ideología del ateo llega a un punto que es una navaja de dos filos que corta al ateo cuando intenta cruzar el portal que dice ser un obstáculo innecesario. No caí en cuenta que está obligado a sostener uno de los filos de la misma navaja con una mano al defender su hipótesis evolutiva solamente por medios teóricos. El ateo intenta explicar el origen del cosmos por medio de especulaciones inciertas y la generación espontánea de la primera vida por medio de una generación de la materia muerta, y piensa que sus explicaciones ambiguas deben ser aceptables para el resto del mundo al solo bautizarlas con la palabra mágica “ciencia”. Hemos llegado a un punto en la historia de la ciencia donde la ficción se ha mezclado con la ciencia y se han acostumbrado tanto con la fascinación de la idea, que han perdido la habilidad de percibir la raya que divide las dos.

 

Estos conceptos siempre llegan a la preferida conclusión del ateo, quien dice saber con cierto nivel de seguridad que “Dios no existe”, y así lo prefiere porque su intuición le dice que si admite la mínima posibilidad de la existencia de un Dios sobre todo lo existente, este Dios tendría que ser todopoderoso y dueño de todo. Un dios parcialmente poderoso y dueño de solo partes o porciones de todo lo existente no coincide con el significado de Dios aceptado por la mayoría del mundo, aunque no crean en Él. El ateo bien sabe que el cristiano y otros monoteístas argumentamos a favor de “un” Dios, y ese Dios es grande en todos Sus atributos, y que no argumentamos a favor de un panteón de dioses pequeños.

 

Obviamente, un Dios creador de todo lo que existe tendría el derecho de gobernar el universo como a Él le complazca, y tiene el derecho de establecer reglas para todo ser viviente que vive en Su mundo. Esto no es favorable para todo aquel que desee vivir como quiera o como le dé la gana, sin leyes absolutas que lo gobierne. Por esta razón, la naturaleza de rebeldía reacciona de la forma más básica, y es de negar la existencia de Dios a cualquier costo, ya que la única otra opción sería de someterse a Su existencia y Sus mandatos.

 

Existen fuerzas que para el ser humano son totalmente invisibles, y existen las fuerzas gobernadas por las leyes de física que nos rodean, estas son auto evidente y también inevitable. Por ejemplo, sabemos que existe la ley de gravedad, y el ateo está en acuerdo, y aunque alguien no crea en la gravedad, esta persona incrédula no sale flotando hacia el espacio, o deja de caer de un edificio.

 

Todas las fuerzas en el mundo natural difieren en una cosa cuando son comparadas a la intuición innata dentro de todo ser humano que apunta hacia Dios. La diferencia es que todas estas fuerzas son impersonales, y aunque Dios es Espíritu e invisible, y es la mayor fuerza entre todas las que existen, establece una relaciona con la humanidad de manera personal.

 

La evidencia histórica, arqueológica, profética y científica que Dios revela en la Biblia, demuestra que hay mucha más evidencia para llegar a una deducción razonable y concluir lógicamente a favor de la existencia de Dios, al compararla con la evidencia ofrecida por todas las especulaciones teóricas que surgen de las mentes del ser humano, para entonces insinuar que estas son científicas. El problema que he observado es que un individuo acepta una de las especulaciones por conveniencia, sin evaluar todas las otras para escoger la que ofrece la mejor explicación. Debemos llegar a un acuerdo, ya que ambos campos argumentan en un nivel invisible, de estar satisfechos por la evidencia ofrecida por el mejor argumento.

 

Es insuficiente e inaceptable proponer que tiene que existir alguna evidencia desconocida que aún no se ha descubierto, para que en el futuro se pruebe con certeza las varias teorías que se han inventado durante los últimos 90 años que intentan explicar la existencia de nuestro universo. Además, esto ayuda mi caso, ya que el evolucionista se auto-refuta al proponer que existe una fuerza desconocida con capacidad de conciencia colectiva que desea producir, ya que lo que propone es lo que nosotros llamamos “Dios”.

 

Igualmente, es insuficiente e inaceptable proponer que porque aún no exista una ley de física que explique el diseño complejo del código del ADN, que no se pueda descubrir tal ley en el futuro. Eso también ayudaría mi caso, y provee la prueba necesaria que verifica el título de este artículo, ya que es una buena indicación de que el ateo si tiene fe.

 

Estas excusas son insuficientes e inaceptables, no solamente porque son contradicciones, sino que también son categorizadas como excusas  sin evidencias, y mucho menos son pruebas que resultan de un proceso del método científico aprobado por la ciencia valida. Los ateos alimentan sus almas con una dieta continua de especulaciones y conjeturas escasas de la observación, la predicción, la experimentación, la repetición, y la falsificación, para llegar a una razonable conclusión de solo una hipótesis. Saltando por encima de todos los resultados producidos por cada paso del proceso científico.

 

Estas opiniones personales se han colado como ciencia valida con solo una formulación de hipótesis, eso es todo lo que hay para ofrecer, y hoy algunos han permitido que solo una hipótesis sea lo único necesario para derrumbar el procedimiento del método científico en su totalidad. ¿Por qué razón? Porque es difícil procesar una especulación por este método. Es posible predecir o formular una hipótesis de una ideología invisible, pero sin evidencia tangible, no hay nada para examinar por la observación, la experimentación, la repetición, la falsificación, y en este tipo de método, la única conclusión debe ser que esta clase de teoría solo clasifica como una filosofía metafísica, una ficción virtual o una ciencia vudú.

 

Este tipo de teoría es solo una hipótesis que salta como un sapo por encima del método científico directamente a una conclusión. ¿Pero que del resto del método científico? Aparentemente, para ellos ya no es necesario, el pelotero ateo juega su propio juego de béisbol y avanza directamente a la tercera base sin pisar la primera o la segunda. Muchos ateos y evolucionistas son académicos, extremadamente inteligentes, pero es evidente que personas intelectuales del mundo cometen errores básicos cuando tratan de explicar las fuerzas invisibles, a lo que los teístas llaman fuerzas espirituales.

 

Los evolucionistas solo son inteligentes en su estudio académico y en la rama en que se especializan, y es por eso que es molestia cuando entran al campo teológico a predicar absurdidad. Los ateos pueden ser astrónomos, biólogos, matemáticos y físicos. Pero hoy es posible ver a un astrónomo especulando sobre el ADN y a un biólogo haciendo lo mismo sobre el cosmos. Sus estudios académicos no los clasifica automáticamente como teólogos, pero esto es lo que hacen algunos científicos de hoy que pretenden saber que Dios no existe. Estos argumentan en el domino sobrenatural y espiritual, al especular de cosas invisibles con certeza y convicción, porque quieren proponer que Dios no hace falta, ya que piensan que todo lo que existe se puede explicar por medio de lo natural.

 

El campo teológico es el gallinero del creyente en Dios y lo debe defender por la racionalidad de las explicaciones lógicas que ofrece, y no por emociones o porque está de moda o por un adoctrinamiento de manipulación mental como lo hacen muchos que no entienden lo que creen. Estoy convencido que la teología es el terreno alto y favorecido en el combate, y este terreno alto está en posesión del teísta, no del ateísta. Ellos ya han podido realizar por sus experiencias de múltiples derrotas en la argumentación, que lo sobrenatural y lo espiritual es la fundación de nuestro campo de batalla, donde lo natural no tiene sitio. Este mundo es caído y secundario a lo espiritual y no tiene silla para sentarse en la misma mesa.

 

El concepto espiritual e invisible no se puede discernir desde el mundo natural, y por lo tanto lo natural no puede explicar lo sobrenatural. Sin embargo, lo sobrenatural ofrece una buena explicación de todo lo natural. Por esto, me veo obligado a informarles a los ateos, por su propio bien, de lo que ellos mismos no se han dado cuenta.

 

Sus teorías demuestran que es necesario creer en lo sobrenatural, ya que sus teorías están repletas de cosas más allá de lo natural, y que también creen en milagros, ya que sus hipótesis violan las leyes de física, y podemos concluir que se requiere más fe creer en estas teorías, que creer en Dios.

 

No tengo necesidad de exagerar para concluir que estas personas dicen estar seguros en lo que creen y que tienen algún tipo de esperanza en algún descubrimiento del futuro que al fin verifique su teoría mascota, y demuestro que lo que digo es cierto, ya que esto coincide con el significado bíblico de la fe.

 

Sin importar cual teoría sea, puede ser la teoría del Big Bang, la de Múltiples Universos, la Inflación Caótica, la Fluctuación en Vacío o la Teoría Cuántica, etc., todas sufren de la misma condición anémica cuando se trata de evidencia física y tangible, por lo tanto son hipótesis de cosas invisibles, virtuales e irreales que requieren fe. Lo irónico es que muchos tienen las agallas de llamar a estas teorías especulativas “ciencia”, y se vende como pan caliente a un pueblo crédulo que no examina nada de lo que se vende simplemente porque tiene la etiqueta de “ciencia”.

 

Después de 150 años de hacerse pasar por ciencia valida, es muy evidente que llevan muchísimos años confiando en cosas invisibles que aun la ciencia no ha podido comprobar, y que tienen muchísima más fe que yo.

 

Jamás alcanzare ese nivel de fe con mi semillita de mostaza. Pero mientras mi fe sea objetivamente dirigida hacia Jesús, la cantidad de fe subjetiva es irrelevante. Por ejemplo, hubieron miles de personas que creyeron que ni Dios podía hundir al famoso barco “Titanic”, pero la fe colectiva de todas estas personas, la fe de los que viajaron, más la fe de los que se quedaron en tierra, en su totalidad no evito su destino y descendió lentamente al fondo del mar.

 

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