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¿Quién creó a Dios?

 

Este tema es extraído de mi libro “Falacias Evolutivas” Volumen 2, Capítulo 1, tratare de publicarlo con los menos cambios y editación posible.

 

Primero explicaré lo fundamental que sostiene la discusión en este tema, para poder remover toda posible obstrucción preconcebida que existe en las mentes de personas que no creen que sea posible que un ser sobrenatural, con los atributos revelados en la Biblia, pueda existir en una realidad trascendente y más allá de nuestros cinco sentidos.

 

De esta manera, se les ofrece a quien no crea en Dios una justificable y honesta explicación alterna para que por lo menos pueda entender por qué los creyentes en Dios, que han dedicado sus vidas a la defensa de su existencia, son tan persistentes en proponer que la existencia de todo en nuestro universo, tuvo que ser generado en algún punto en el pasado por una fuerza o fenómeno, sin violar lo que llamamos la regresión infinita de causas y efectos.

 

Simplemente, postulamos que es imposible ir hacia atrás proponiendo causas y efectos para siempre. No creo que sea una buena práctica tratar de formular explicaciones de cosas invisibles, inmateriales, intangibles y abstractas por medio de las ciencias operacionales, ya que estas están limitadas a describir la función de las cosas físicas y la interacción entre la materia y la energía. Además todas, menos la ciencia histórica y la arqueología, no tratan con el pasado y ninguna relacionada con las teorías de origen, califica como una ciencia competente para describir el principio original, que es lo más importante de todo tema de origen.

 

Algunos tratan de teorizar sobre fuerzas o fenómenos como si estos en realidad no fueran verdaderamente inmateriales e intangibles. Esto siempre resulta en un desastre y es la razón por el mal entendimiento en este tipo de temas. Pienso que es muy importante y necesario que la metafísica y la ontología sean utilizadas cuando intentamos identificar, clasificar y categorizar cosas en el más allá, ya que la metafísica trata con todo lo que pueda existir “más allá de lo físico” y la ontología trata con la teoría “del ser, de todo lo que es, cómo es y cómo es posible”.

 

Cuando decimos que algo es o debe ser, hablamos ontológicamente. La ontología es la ciencia responsable por la definición del ser y de todo lo que es y de establecer las categorías fundamentales o modos generales de ser y de las cosas que son a partir del estudio de sus propiedades. También se ocupa de cuestiones como la existencia de los entes, de cómo esos entes pueden ser clasificados dentro de una jerarquía y subdivididos de acuerdo a sus similitudes y diferencias.

 

Cuando decimos que algo físico y tangible existe, somos responsables de describir y especificar de la mejor manera posible sus propiedades (tamaño, peso, color, forma, etc.) Cuando decimos que cosas abstractas e invisibles existen, por lo menos debemos describir y especificar todas las características posibles, aunque estas no tengan propiedades similares a las cosas físicas y tangibles.

 

Pero es importante tener cuidado y estar muy atentos, porque cuando hablamos de cosas abstractas, inmateriales e intangibles, nuestra imaginación se dispone a la especulación. Nuestra imaginación proyecta muchas cosas concretas, pero como nuestra creatividad imaginativa surge de una fuente interna, también puede proyectar fantasías, las cuales podemos llamar especulaciones.

 

En el dominio natural, las especulaciones solo clasifican como ciencia ficción hasta que no sean comprobadas más allá de toda duda por un método científico válido. En el dominio sobrenatural, las especulaciones solo clasifican como misticismo hasta que no sean comprobadas por una explicación razonable que no permita otras alternativas menos razonables. Al cerrar las puertas a toda opción ilógica, se asegura establecer la mejor explicación y violar lo menos posible, el sentido común.

 

Esto es exactamente lo que sucede en los argumentos sobre el origen del universo y de la primera vida. Podrán notar que el propósito del ministerio “ApóLogos” es comparar la explicación teológica con toda explicación científica, para poder discernir cual es la mejor explicación entre todas las explicaciones a nuestra disposición.

 

En el panorama de teorías de origen, existe la rama de versiones teológicas compuestas de una gran variedad de creencias religiosas antiguas, que presuponen una creación por un ser llamado Dios. Y también existe la rama de versiones científicas que presuponen la existencia de una variedad de fuerzas invisibles que actúan, funcionan y operan como si fueran un dios creador.

 

Pero estos dos campos que se oponen, se encuentran en la misma situación y en el mismo nivel metafísico. La única opción, es presentar el argumento que sobrepase el razonamiento del argumento del oponente, por medio de una mejor explicación. Debe estar claro que un buen argumento afirma premisas ciertas y no ambiguas y deben fluir de manera fácil hacia la conclusión más plausible, más posible, más probable y más lógica.

 

Tratemos un experimento mental de forma neutral, para que el no-creyente en Dios no se sienta comprometido. Digamos hipotéticamente por el momento, que Dios existe. No importa si usted no cree en Dios y mucho menos que crea que la probabilidad de que exista para usted no sea posible.

 

Si usted es capaz de leer este artículo y analizar este argumento, aunque no esté de acuerdo, entonces no creo que le pida que piense en algo totalmente imposible o más allá de su capacidad mental. Tampoco creo que exijo algo científicamente extraordinario, ya que muchas teorías del origen del universo, especulan sobre la posible existencia de cosas igual de abstractas, inmateriales, intangibles e invisibles, por ejemplo otras dimensiones, oscilaciones, fluctuaciones en vacío, singularidades, hilos o cuerdas, expansiones caóticas, etc.

 

Las preguntas para el no-creyente en Dios son las siguientes:

 

¿Cómo describiera usted a Dios si existiera? ¿Sería un ser de gran poder? ¿Qué atributos tendría si fuera una entidad sumamente superior a todo lo conocido por la humanidad? ¿Cómo sería el mayor ser que se pueda producir y proyectar en su imaginación?

 

Sorprendentemente, las repuestas a estas preguntas son similares aunque vengan de creyentes en Dios o de ateos. Cada persona imagina que para merecer el título de ser “Dios”, un ser tiene que ser auto existente y extremadamente superior a todas las capacidades humanas. Algunos tienen que forzar sus pensamientos más allá de su imaginación, porque es posible que un “Dios” tenga una variedad de capacidades y características desconocidas por el ser humano.

 

Este experimento, no concluye con una prueba de admisión de su parte, si usted no cree en Dios, o no concluye con evidencia concreta de la existencia de algún ser que se autoproclame ser Dios, solo facilita el tema al balancear los pensamientos para que todos estemos “en la misma partitura musical”.

 

No estoy tratando de convencer a los que no creen en Dios, solo quiero persuadirlos a que consideren el razonamiento del título de este capítulo y la pregunta ¿Quién creó a Dios? Cuando entiendan que un retroceso infinito es imposible, notarán de inmediato el por qué la pregunta en sí no tiene sentido.

 

Comencemos a desempacar el tema:

Si un dios fue creado por algo o alguien adicional al dios de quien estamos hablando, entonces ese supuesto algo o alguien “creativo” sería superior al dios que creó y sería más apropiado que el algo o alguien “creativo” sea el verdadero “Dios”, y no el dios que fue creado.

 

El proceso secuencial sería explicado de esta manera:

Si el dios A fue creado por el dios B, necesitaríamos que el dios B sea creado por algo o alguien, por lo tanto asignamos al dios C para crear al dios B y continuamos infinitamente creando dioses para siempre sin llegar jamás a un fin y sin descubrir jamás al verdadero “Dios”, quien debe ser el primero de todos los dioses en la secuencia de retroceso.

 

Esto es conocido como una “regresión infinita”, el problema es que una “regresión infinita” es imposible y no puede ser producida en la actualidad, solo tiene un potencial de realidad y explicaré por qué.

 

Podemos contar hacia el futuro (progresión) 1, 2, 3, 4, 5,…etc. Pero en este caso solo nos interesa viajar al pasado (regresión). Digamos que comienzo a contar números negativos hacia el pasado -1, -2, -3, -4, -5,…etc. No importa la cantidad de números contados o el tiempo que me tome al contarlos. Porque nunca llegaré a un final si siempre existe un potencial para contar un número más. Cuando cuento hasta -100, aún puedo continuar contando hasta -101.

 

Por lo tanto, para que algo o alguien en si pueda actualmente ser, sin límites de tiempo e infinito, o no tenga principio ni tenga fin y sea eterno, tiene que existir por la necesidad de su propia naturaleza. Es decir, que los atributos que tal algo o alguien naturalmente posee, obliga su existencia. Se puede insinuar que, una de las fuerzas o fenómenos mencionados en las teorías científicas de origen, tengan la propiedad de infinidad y eternidad, pero eso sería decir que es como un dios. Y es exactamente donde intento llevar a los ateos y agnósticos con quien argumento a menudo por intercambio de correspondencia.

 

No es que los trato de engañar por medio de trucos, es que debemos finalizar con conclusiones lógicas, ya que los atributos asignados a estas fuerzas o fenómenos son similares a las del Dios de la Biblia. Solamente tenemos que escoger cuáles atributos que se proponen en estas teorías, coinciden más con las descripciones del Dios de la Biblia.

 

De todas las fuerzas o fenómenos mencionados en las teorías científicas del origen de nuestro universo, quizás la primera de todas las dimensiones de la teoría de múltiples dimensiones, sea un dios. Si no, podemos entonces decir que una oscilación es un dios, 0 que una fluctuación en vacío es un dios o que una expansión caótica es un dios, o que la singularidad que causó el Big Bang es un dios, etc.

 

“El concepto de Dios, existe en el entendimiento humano y debemos determinar si es posible que Dios solo pueda existir en nuestras mentes, pero que a la vez sea imposible que exista en la realidad.”

 

Porque si no hacemos una determinación por medio de una conclusión final muy cuidadosa, quedaríamos envueltos por un enigma, ya que si es lógico que Dios sea el mayor ser posible que podemos concebir, entonces sería cierto que si Dios existiera en la realidad, sería, por obligación, algo mucho más grandioso que la existencia del Dios que imaginamos en nuestras mentes.

 

Toda la evidencia científica acumulada hasta hoy, indica que las teorías de origen, aunque estas sean cosmológicas o biológicas como la teoría de la evolución de Darwin, tienen que saltar la tablita que divide lo físico, lo natural y lo tangible, para cruzar la frontera hacia lo desconocido y al hacerlo, normalmente caen en el panorama abstracto, inmaterial, intangible e invisible.

 

Esta frontera, se cruza tan pronto una teoría postula la existencia de fuerzas o fenómenos que no tienen o no necesitan un origen propio. Produciendo un fuerte sabor de incertidumbre, al proponer que estas cosas desconocidas son inobservables, porque son invisibles, inmateriales e intangibles.

 

¿Pueden ahora ver con claridad lo que estoy argumentando?

 

Si es posible que nuestras imaginaciones puedan producir posibilidades de fuerzas o fenómenos que no tienen o necesitan un origen propio, entonces mi próxima pregunta es totalmente válida:

 

¿Por qué no podemos imaginar que también sea posible que exista

un Dios que igualmente no tiene o no necesita un origen propio?

 

En conclusión, aunque nos encontremos obligados a entrar al dominio del más allá, con hipótesis que trascienden el dominio natural, físico y tangible, debemos siempre buscar la explicación más lógica que describa e identifique la original y auténtica fuerza o fenómeno. Esta fuerza o fenómeno sería la más probable causante primordial, del origen del universo y de la primera vida.

 

Finalmente, es importante determinar, si esta fuerza o fenómeno es impersonal, igual que la fuerza de gravedad o la fuerza electromagnética, o si en realidad es personal y nos está observando.

 

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