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¿Quién Mato a Jesús?

Algunos temas causan desacuerdos que duran muchos años, este es uno de ellos, y lleva más de 2 mil años en el cuadrilátero de la polémica y la argumentación. Hace varios años, la película de Mel Gibson “La Pasión de Cristo” volvió abrir la puerta de disensión y acusaciones para muchos alrededor del mundo y causo una tormentosa controversia en revistas, programas televisivos y de radio.

 

El objetivo para muchos en la discusión era dirigir la culpabilidad de la muerte de Jesús hacia la dirección opuesta, para tratar de librarse de algunas o todas las múltiples acusaciones que aún existen hasta el día de hoy.

 

Los anti-semíticos inmediatamente acusan a los judíos, mientras otros acusan a los romanos, y algunos acusan a toda la humanidad. Personalmente, pienso que toda esta polémica no es, o ha sido algo malo, porque presenta en la portada las preguntas básicas importantes:

 

¿Quién fue este, nazareno, carpintero, maestro, palestino llamado Jesús, quien causa tanta discordia para saber quiénes fueron sus asesinos? ¿Es verdaderamente el Hijo de Dios? ¿Es Jesús Dios encarnado? ¿Sería solo un lunático que creía ser un dios? ¿Podrían ciertos críticos radicales contemporáneos tener razón en que Jesús era una especie de tábano social, el equivalente judío de un filósofo cínico griego?

 

A los que hoy les llaman “críticos bíblicos revisionistas”, son personas que rechazan las creencias tradicionales sobre un evento histórico particular, o un conjunto de eventos relacionados. Como John Dominic Crossan, Marcus Borg y Paula Frederickson, quienes fueron entrevistados en el especial de NBC “Los últimos días de Jesús”.

 

Ellos argumentan que los verdaderos eventos de la pasión de Jesús fueron significativamente diferentes a los presentados en la película de Mel Gibson. En cierto sentido, eso es indudablemente cierto, ya que Mel Gibson no solo agregó a su película una gran cantidad de interpretación artística, sino que también una gran cantidad de tradición católica que va más allá de los límites de la historia.

 

Pero eso no es lo que preocupa a los críticos revisionistas, ellos afirman que los evangelios mismos son históricamente inexactos al retratar la crucifixión de Jesús como instigada por los jefes sacerdotes judíos y simplemente llevada a cabo por las autoridades militares romanas. Estos críticos revisionistas son anti-romanos y afirman que finalmente son las autoridades romanas, no las autoridades judías, las culpables de la crucifixión de Jesús.

 

Ellos señalan que hubo grandes disturbios en Palestina bajo el dominio romano y que con cientos de miles de visitantes en Jerusalén para la fiesta de la Pascua, las autoridades romanas deben haber estado ansiosas por mantener la paz pública. Los nervios deben haber estado de punta.

 

Además, muchas fuentes extra bíblicas retratan a Pilato como un hombre cruel y despiadado que no dudaría ni un segundo en usar soldados para mantener el orden. Los sacerdotes del templo fueron colaboradores de Roma y el Sanedrín estuvo de acuerdo con Pilato. Es obvio que la fuerza militar fuera necesaria para mantener las cosas bajo control.

 

Los críticos revisionistas interpretan la limpieza del Templo por Jesús como un ataque simbólico sobre el mismo Templo (Juan 2: 13-22). Por lo tanto, no solo se interpreta que Jesús estaba perturbando la paz, sino que el sacerdocio judío sintió su autoridad amenazada por las acciones de Jesús. Pilato estaba a punto de tratar todo caso con mano fuerte para mantener el orden público, y esto habría resultado en una gran pérdida de vidas inocentes.

 

Así que el sumo sacerdote Caifás, quien sintió su autoridad amenazada por Jesús, decidió entregarlo a Pilato, en lugar de dejar que la gente muriera en una ofensiva romana. Por lo tanto, la responsabilidad de la crucifixión de Jesús estaba realmente a los pies de las autoridades romanas, no de las autoridades judías, como se documenta en los Evangelios.

 

Hasta los críticos escépticos afirman los eventos centrales de la Pasión de Jesús, su entrada triunfal en Jerusalén sobre un asnillo como un heraldo del Reino de Dios en cumplimiento de la profecía de Zacarías 9:9. La acción perturbadora de Jesús en el Templo expulsando a los cambiantes de dinero, la participación de las autoridades judías en el arresto y juicio (o audiencia) de Jesús, el hecho de que Jesús fue entregado a Pilato acusado de sedición y luego Pilato condena a Jesús a la crucifixión como un pretendido Rey de los judíos.

 

Todo esto es un testimonio deslumbrante de la credibilidad histórica de los evangelios que incluso los críticos escépticos se vean obligados por la evidencia a admitir la historicidad del bosquejo fundamental de la Pasión y la muerte de Jesús. Su principal punto de discusión tiene que ver con quienes fueron responsables, si fueron las autoridades judías o las autoridades romanas las principales responsables de la muerte de Jesús.

 

Se puede sospechar que todo este debate es realmente estimulado solo por una corrección política. Después de todo, hay una motivación muy fuerte hacia un deseo totalmente recomendable de repudiar la fea historia del anti-semitismo que con demasiada frecuencia ha caracterizado a la Iglesia cristiana. Así que creo que hay una fuerte sospecha de que todo este revisionismo se debe simplemente a un deseo políticamente correcto de exonerar a las autoridades judías en la mayor medida posible.

 

Los romanos se convierten en el chivo expiatorio obvio y perfecto. Después de todo, no hay romanos hoy en día para protestar cuando se les culpa de la crucifixión de Jesús. Por lo tanto, vemos en el especial de NBC que incluso un estudioso conservador como Craig Evans pregunta: ¿Qué? ¿Todos los romanos tienen la culpa de la crucifixión de Jesús? Cicerón crucificó a Jesús? ¿Tácito crucificó a Jesús?

 

Esto es pintar con una brocha tan amplia como alguien que dice incautamente: “Los judíos mataron a Jesús”.  No hay diferencia, pero como ya no existen romanos, no se alzan voces de protesta y quedan en silencio.

 

Los críticos escépticos rechazan el retrato evangélico de Jesús como un hombre que afirmaba ser el Hijo de Dios y el Hijo divino del hombre y que se veía a sí mismo como el prometido Mesías judío.

 

Según John Dominic Crossan, Jesús era solo una especie de crítico social, el equivalente judío de un filósofo cínico griego. Marcus Borg dice que Jesús fue un místico religioso intercultural que defendió los derechos de las mujeres y los pobres contra un establecimiento religioso opresivo. Según estos críticos el Jesús sobrenatural del que leemos en los evangelios es solo un mito, y el producto de la teología y la leyenda.

 

Uno de los mayores problemas con esta versión revisionista de Jesús es el hecho de su crucifixión. Todo el mundo está de acuerdo en que Jesús de Nazaret terminó en la cruz. Hasta la crítica revisionista Paula Frederickson dice que la crucifixión de Jesús es el “hecho más fuerte que tenemos sobre Jesús”. Por lo tanto, si Jesús solo fue un campesino, un filósofo cínico, simplemente un tábano social liberal, como dicen los revisionistas, entonces su crucifixión se vuelve inexplicable.

 

El tipo de Jesús que pintan los críticos no amenazaría a nadie, y se puede decir que los críticos revisionistas han creado un Jesús que aparenta ser incompatible con el hecho de su crucifixión, algo sobre él que es indiscutible. Es a la luz de este problema que se deben ver los relatos revisionistas de la pasión de Jesús. Básicamente, el relato revisionista de la pasión es un intento de explicar cómo se puede llevar a la cruz a un Jesús no mesiánico y no divino.

 

La manera bíblica de la crucifixión de Jesús es muy diferente al punto de vista de los críticos, y provee muchos ejemplos de su significado y de los sacrificios de animales que prefiguraban el sacrificio de Cristo.

 

Cuando Isaac le pregunta a su padre Abraham ¿dónde está el cordero para el holocausto? Abraham le dice que Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto (Gen 22:7-8). Abraham confía en Dios y está dispuesto a sacrificar a su propio hijo. Por lo tanto, si Dios provee su propio cordero como sacrificio, entonces ningún ser humano es responsable por la crucifixión de Jesús, sea judío o romano.

 

Juan el bautista dijo “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sin el sacrificio del cordero de Dios, no hubiera salvación. Jesús presenta su propia opinión, y asume toda la responsabilidad:

 

Juan 10:17-18 SSE  Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma, para volverla a tomar.  (18)  Nadie me la quita, más yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

 

El mandamiento que Jesús recibe del Padre, permite que ponga su vida y la vuelve a tomar al ser resucitado por el Padre (Hec 4:10, 1Co 6:14, Gal 1:1, 1Ped 1:21). La idea de que las autoridades romanas vieron a Jesús como una amenaza significativa para la paz, contradice la reacción y comportamiento de los romanos.

 

De hecho, entrometerse en asuntos judíos al arrestar a un maestro popular podría crear más malestar que simplemente ignorarlo, como lo hicieron. Jesús continuo con su misión sin interrupción de las autoridades a pesar de su entrada desafiante sobre el asnillo como Rey, o su demonstración de autoridad en su ataque de los corruptos del templo. Pero si lo que dice la Biblia es verdad, ¿Por qué arrestaron a Jesús?

 

La evidencia apoya unánimemente la conclusión de que Jesús fue traicionado y entregado a las autoridades judías (Marcos 14.11). Esto no solo está atestiguado en los cuatro evangelios, sino también en la información extremadamente temprana transmitida por Pablo (1Corintios 11:23). Fueron las autoridades judías, no las autoridades romanas, quienes se sintieron amenazadas por la persona y la enseñanza de Jesús y por lo tanto lo querían muerto. Tampoco fue una decisión de último momento durante la semana de la Pascua, sino que fue totalmente un acto profético que tenía que ser cumplido.

 

Según dos fuentes independientes, la trama para deshacerse de Jesús había estado gestando entre los líderes judíos durante algún tiempo (Marcos 3:6, Juan 5:18). El historiador judío Josefo y el Talmud babilónico atestiguan la iniciativa de las autoridades judías en el juicio de Jesús. El Talmud (Sanedrín 43a) justifica instigar su ejecución como una acción apropiada tomada contra un hereje. En su juicio ante el Sanedrín, Jesús fue sentenciado a muerte por blasfemia. Examinemos lo que está documentado en Mar 14:60-64.

 

Mar 14:60-64 SSE  Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan éstos contra ti?  (61)  Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?  (62)  Y Jesús le dijo: YO SOY; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la Potencia de Dios , y viniendo en las nubes del cielo.  (63)  Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?  (64)  Habéis oído la blasfemia: ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron ser culpado de muerte.

 

Es bastante obvio que en este pasaje Jesús dice ser el Hijo del Bendito, también dice ser el apocalíptico Hijo del hombre (Dan 7) y que lo verán sentado a la diestra del Padre. Estar sentado a la diestra del Padre es especialmente blasfemia para los oídos judíos, ya que ese lugar es exclusivo para Su Hijo, y es un cupo exclusivamente mesiánico.

 

Los creyentes pueden entender que las personas no-creyentes que se dedican a criticar, hacer revisiones o cambiar lo que dice la Biblia, lo hacen porque tienen razones personales por no gustarles como el Nuevo Testamento describe a Jesús. Tenemos que incluir como evidencia el hecho de que se hace imposible para una fabricación, después de los hechos, por creyentes o seguidores de Jesús, de un cargo de blasfemia en un ambiente judío, especialmente cuando se sabe que concluye en un caso de pena de muerte. Ya esto es parte innegable de la historia.

 

Siendo esto cierto, podemos proceder a la explicación que muchos críticos ignoran, especialmente, los anti-semíticos que acusan a los judíos como únicos responsables de la muerte de Jesús. Como el Sanedrín carecía de autoridad para llevar a cabo la pena de muerte, las autoridades romanas tenían que convencerse de algún modo para ejecutar a Jesús.

 

Para los oídos de los romanos, la pretensión de Jesús de ser el Mesías o el Rey de los judíos se vería como sedicioso, y por lo tanto, Jesús fue descrito como alguien que usaba discursos que incitaban a los judíos a rebelarse contra la autoridad romana y por los principales sacerdotes como un rebelde político ante Pilato. Los revisionistas protestan que el retrato de los evangelios de Pilato como débil y vacilante contradice lo que sabemos de su carácter despiadado de fuentes extra bíblicas.

 

Esa imagen de Pilato no coincide con la evidencia histórica. Por ejemplo, Josefo nos dice que cuando Pilato llegó a Palestina en el año 26 DC, provocó deliberadamente a los principales sacerdotes al mostrar los banderines romanos con la imagen del Emperador en Jerusalén, una acción que sus predecesores habían tenido cuidado de evitar.

 

Las autoridades judías enviaron una delegación a Pilato que discutió durante cinco días por la eliminación de las normas. En el sexto día, Pilato ordenó siniestramente a un destacamento de soldados que entraran en la multitud y les indicaran que desenvainaran sus espadas. En ese punto, los delegados judíos se desnudaron, prefiriendo la muerte a la violación de la ley judía. Entonces Pilato, dándose cuenta de que podía provocar un levantamiento general, cedió y ordenó que se eliminaran los banderines.

 

La acción de Pilato tan solo cuatro años después en la sentencia de Jesús sigue este precedente. Él confronta a los líderes judíos hasta que nota que está a punto de estallar un motín (Mateo 27:24). Cuando los principales sacerdotes lo amenazan y dicen: “Si a Éste sueltas, no eres amigo de César; cualquiera que se hace rey, se declara contra César.” (Juan 19:12), Pilato, dándose cuenta de dónde yace su propio interés, cede y ordena que Jesús sea ejecutado.

 

Pilato es astuto, y al dar a la multitud una opción entre Barrabás y Jesús, Pilato sabe que la gente no se levantará en nombre de Jesús. Los revisionistas a veces afirman que el llamado de la multitud para la liberación de Barrabás es inconsistente con la popularidad de Jesús.

 

Pero no sabemos cuántos simpatizantes tenía Jesús ni qué personas habían reunido los principales sacerdotes esa mañana ante Pilato (Mateo 27:17). En cualquier caso, Jesús había demostrado ser una desilusión para aquellos que habían esperado que restaurara el trono de David.

 

No había progresado en su entrada triunfal o su limpieza del Templo, por el contrario, en respuesta a la provocadora pregunta sobre el pago de los impuestos romanos, Jesús había dado la respuesta muy anti-revolucionaria: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17).

 

La imagen sangrienta y quebrada de Jesús después de ser maltratado tan tortuosamente, presentada por Pilato a la multitud, era la antítesis del Mesías conquistador que habían aprendido a esperar, y no es nada improbable que en el momento Barrabás les pareció un Mesías más genuino que Jesús.

 

El mayor problema para los críticos siempre ha sido la desaparición del cuerpo de Jesús. El crítico John Dominic Crossan supone que el cuerpo de Jesús probablemente fue bajado de la cruz por los soldados romanos y arrojado a una tumba poco profunda, donde se pudrió o fue desenterrado y comido por perros salvajes.

 

Pero no hay evidencia para esta colorida conjetura, y las prácticas y sensibilidades funerarias judías lo contradicen. En oposición a la conjetura de Crossans, podemos resumir cuatro hechos acordados por la mayoría de los críticos del Nuevo Testamento que han escrito sobre este tema.

 

Cualquier historiador responsable, que busque dar cuenta sobre este asunto, debe lidiar con el hecho de que si no fuera por la resurrección, a nadie le importaría los últimos días de Jesús, porque la resurrección de Jesús es la clave a la identidad de Jesús, la resurrección de Jesús nos dice de forma clara quien verdaderamente es. Tampoco pueden ignorar el hecho de dejar a un lado los siguientes cuatro hechos establecidos independientemente:

 

1. El honroso entierro de Jesús en la tumba de José de Arimatea.

2. El descubrimiento de su tumba vacía.

3. Sus apariciones post-mortem.

4. El origen de la creencia de los discípulos en su resurrección,

    responsable por el mismo cristianismo.

 

Para más detalles sobre cada uno de estos hechos vea “La Resurrección de Jesús”. La pregunta es: ¿cuál es la mejor manera de explicar estos hechos? Las suposiciones y conjeturas de los críticos no explican nada, solo proveen sus opiniones personales. Exponer estas opiniones a la luz nos muestra lo desesperado que debe llegar el escepticismo para negar la historicidad de la resurrección de Jesús.

 

De hecho, la evidencia es tan poderosa que uno de los principales teólogos judíos del mundo, el difunto Pinchas Lapide, se declaró convencido sobre la base de la evidencia de que el Dios de Israel resucitó a Jesús de los muertos.

 

En resumen, la evidencia no respalda las afirmaciones de los críticos revisionistas. Por el contrario, tenemos bases muy sólidas para pensar que Jesús de Nazaret no solo afirmó ser el divino Hijo del Hombre, el Hijo de Dios y el Mesías judío, y afirmaciones que provocaron su condena por la corte judía y que finalmente lo condujeron a su crucifixión, pero también que esas afirmaciones eran ciertas porque Dios lo resucitó de entre los muertos.

 

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